jueves, 6 de octubre de 2011

Un homenaje a Steve Jobs (1955 – 2011)...stay hungry. Stay foolish

Se ha escrito mucho sobre la muerte ayer del gran genio de la tecnología Steve Jobs. Sólo quería reiterar el sentimiento colectivo, y hacer un pequeño collage de algunos videos o links que me parece importante rescatar. "3 Apples changed the World. The 1st seduced Eve, The 2nd fell on Newton and the 3rd was offered to the World half bitten by him " "RIP Steve Jobs. You left your mark on our desks, on our ears & in our hands": @darrenrovell "I never thought I could be so busted up about the loss of someone I never met". @aplusk "There are 3 Apples that changed the world: the one Eve ate, the one that fell on Newton's head & the one that Steve Jobs built" Palabras de Sean Parker sobre Steve Jobs http://on.fb.me/n2eO0w The Full Text Of Steve Jobs' Stanford Commencement Speech Google Founders: Steve Jobs Was an Inspiration Apple’s Board of Directors on Steve Jobs Tim Cook's memo to Apple employees about Jobs Bill Gates: “I Will Miss Steve Immensely”
Quotes: “We tried to make something much more holistic and simple. When you first start off trying to solve a problem, the first solutions you come up with are very complex, and most people stop there. But if you keep going, and live with the problem and peel more layers of the onion off, you can often times arrive at some very elegant and simple solutions.” — MSNBC/ Newsweek interview “Innovation comes from people meeting up in the hallways or calling each other at 10:30 at night with a new idea, or because they realized something that shoots holes in how we’ve been thinking about a problem. It’s ad hoc meetings of six people called by someone who thinks he has figured out the coolest new thing ever and who wants to know what other people think of his idea.” — Business Week “It will go down in history as a turning point for the music industry. This is landmark stuff. I can’t overestimate it!” — [On the iTunes Music Store, Fortune, May 12, 2003] “Every once in a while a revolutionary product comes along that changes everything. … One is very fortunate if you get to work on just one of these in your career. Apple’s been very fortunate it’s been able to introduce a few of these into the world.” [Announcement of the iPhone, Jan. 9, 2007] “Being the richest man in the cemetery doesn’t matter to me … Going to bed at night saying we’ve done something wonderful… that’s what matters to me.” [The Wall Street Journal, May 25, 1993] “Sometimes when you innovate, you make mistakes. It is best to admit them quickly, and get on with improving your other innovations.” “Your time is limited, so don’t waste it living someone else’s life. Don’t be trapped by dogma…And most important, have the courage to follow your heart and intuition. They somehow already know what you truly want to become. Everything else is secondary.” “Click. Boom. Amazing!” ONE MORE THING.... “No one wants to die. Even people who want to go to heaven don’t want to die to get there. And yet death is the destination we all share. No one has ever escaped it. And that is as it should be, because Death is very likely the single best invention of Life. It is Life’s change agent. It clears out the old to make way for the new. Right now the new is you, but someday not too long from now, you will gradually become the old and be cleared away. Sorry to be so dramatic, but it is quite true. “Your time is limited, so don’t waste it living someone else’s life. Don’t be trapped by dogma — which is living with the results of other people’s thinking. Don’t let the noise of others’ opinions drown out your own inner voice. And most important, have the courage to follow your heart and intuition. They somehow already know what you truly want to become. Everything else is secondary.” [Stanford commencement speech, June 2005] Gracias Steve....

domingo, 25 de septiembre de 2011

ONU sugiere cambiar estructura de la tenencia de la tierra en Colombia

Segundo informe de Desarrollo Humano propone impuestos altos y multas a la propiedad improductiva. Tras dos años de intenso trabajo para diagnosticar a la Colombia rural, escenario natural de dos de los cinco motores de la Colombia próspera que se sueña el presidente Juan Manuel Santos: el agro y la minería, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) concluyó que este país no solo tiene más población campesina de la que se cree, el 32 por ciento (se calculaba en el 25), sino que no podrá modernizarse como quiere a espaldas de estos colombianos que no apuestan por su futuro y su felicidad en los centros urbanos. Están en el 75, 5 por ciento de los municipios. Y si estos números -construidos sobre criterios de densidad poblacional y distancia de los centros urbanos- parecen apenas un cambio de cifras, lo que dice la ONU en el segundo gran informe sobre Colombia en ocho años -el otro fue en el 2003 sobre el conflicto armado: Callejón con salida- frente a la manera de superar la brecha entre el mundo rural y el urbano, promete sacudir al país. Afirma que no basta una reforma agraria, y será necesario cambiar la estructura de la tenencia de la tierra, históricamente concentrada. Esto, desde la propuesta del organismo, implica no solo hacer un censo agrario -no se hace desde hace 40 años- y actualizar el catastro, sino gravar con impuestos altos a los dueños de mucha tierra y multar la improductiva, para desestimular la concentración. Propone que sea la Dian, y no las autoridades municipales, "manipuladas por élites locales", la que se encargue del predial. La idea sería invertir el dinero en bienestar para la población rural con más precarias condiciones de vida, y dentro de la cual la ONU ubica al campesino (que vive de la agricultura básica o de una actividad relacionada), a las mujeres, a los afro y a los indígenas. Mientras en el 2009 la pobreza en las 13 áreas metropolitanas del país estaba en 45, 5 por ciento, en la zona rural era de 64, 3 por ciento. La concentración de la tierra está directamente asociada a la desigualdad. Y en Colombia, de 32 departamentos con información sobre concentración, 18 tienen un Gini de 0,80 (más cercano a 1 es más tierra en pocas manos y más cercano a 0 es menos concentración). Pero si bien la tierra en pocas manos, con los índices más altos en Antioquia, Valle, Caldas, Quindío, Arauca y Meta es un gran problema en el país rural, está acompañado por otro igualmente importante: la distorsión en el uso. Según los criterios de la ONU, a los ganaderos les correspondería devolver casi 20 millones de hectáreas. Están usando en pastos 39 millones, cuando el potencial de Colombia para la ganadería extensiva es de 21 millones. Con la agricultura pasa al revés: el país tiene 21 millones de hectáreas aptas para el cultivo, pero solo está usando 4,9 millones. Cada vez importamos más alimentos. La sentencia de la ONU es enfática: todo esto ha ocurrido porque en Colombia ha habido "más territorio que Estado". Y la falta de regulación ha creado las condiciones para el conflicto rural con sus dos componentes: el agrario y el armado. Los protagonistas del primero son los campesinos con su lucha por la tierra -entre ellos mismos, con terratenientes e inversionistas-, por el bienestar y la inclusión política. Y los protagonistas del segundo han sido las guerrillas, los paramilitares y los narcotraficantes, que quieren control de territorios, corredores y población. Para superar el conflicto rural, la ONU pone sobre la mesa otro punto polémico: "más Estado en el mercado y menos mercado en el Estado". Este debe intervenir más, porque el mercado no ha promovido el desarrollo rural, según el organismo. En grandes líneas, este será el mensaje que le entregará al presidente Santos el miércoles, cuando le presente su informe que, en un hecho en apariencia paradójico, ha llamado: Colombia rural, razones para la esperanza. La ONU cree que las hay, porque después de 25 años de gobiernos que le han dado la espalda al país rural, Santos lo ha reivindicado con el reconocimiento de las víctimas, la restitución de tierras y la apuesta por el campo como uno de los ejes de desarrollo. Pero además, porque el mundo está "ávido" de alimentos, materias primas y recursos ambientales que podrán ser producidos por los campesinos, que como dice el director del informe, Absalón Machado, nunca se han armado para pedir tierra y en cambio esperan las oportunidades para impulsar los motores del desarrollo que tienen como escenario el mundo rural. Cultivar cuatro veces más Desaprovechamiento del suelo y más minería que agricultura 21,5 millones de hectáreas son aptas para el uso agrícola, pero solo se cultiva el 22,7 por ciento de la potencialidad del campo, es decir 4,9 millones de hectáreas. 2,9 millones de personas están viviendo en zonas de reserva (44,7 por ciento del área total). Los pueblos indígenas ocupan el 25,2 por ciento del territorio, los parques el 11 y los afros, el 5. 5,8 millones de hectáreas están dedicadas a la minería (más que las destinadas a los usos agrícolas). Entre 2000 y 2010 se otorgaron 7.264 títulos y se tramitaron 17.479 solicitudes. Los políticos son los mismos de siempre en las regiones En el Informe este fenómeno se denomina: 'persistencia política'. 21,7 por ciento de los municipios no ha cambiado a los partidos políticos o a las élites que los gobiernan en las últimas cuatro elecciones. 43,5 por ciento de los municipios los ha rotado levemente (una vez en los últimos cuatro años). Según el Informe, las localidades donde esta tendencia se mantiene, hay evidencia de mayores niveles de miseria y un cubrimiento más bajo de servicios públicos. 'El Estado podría expropiar alegando mal uso' Absalón Machado, director del Informe de Desarrollo Humano. ¿Qué le pasa al país si sigue tratando de modernizarse sin tener en cuenta el campo? Los desequilibrios entre lo urbano y lo rural seguirán acentuándose. Estamos hablando de una diferencia en calidad de vida de, mínimo, un 30 por ciento. Además, los conflictos sociales que están en el campo se van a mantener ahí. Y, finalmente, existe una gran desigualdad entre campesinos y empresarios en el acceso a los recursos. Si estas tendencias continúan, ¿de qué desarrollo estamos hablando? ¿Cuáles son los mayores conflictos hoy en el país rural? Hay muchos, pero el conflicto que va a tomar más fuerza es con la minería, que compite con los suelos de la agricultura y con el medio ambiente. También hay un conflicto sociopolítico. Es una deuda que el país no ha querido saldar. Ustedes dicen que Fedegán podría devolver 10 millones de hectáreas para la agricultura, ¿de dónde sale esa cifra? Fedegán propuso reconvertir esos 10 millones de hectáreas para tres usos: una ganadería más intensiva (más cabezas por hectárea), reforestación comercial o producción de alimentos, palma africana, biocombustibles, etc. De hecho, con 15 millones de hectáreas bien manejadas en ganadería, con 1 y media o 2 cabezas de ganado por hectárea, el país puede duplicar el hato ganadero que tiene. ¿Cómo se traduce en hechos la 'reforma transformadora rural' que ustedes proponen? Primero, en garantizar la seguridad. Segundo, en hacer desarrollo institucional, eso no es solo reestructurar al Incoder o el Ministerio de Agricultura, sino crear instituciones nuevas y reglas de juego. Tercero, armar una política integral de tierras. La restitución y la formalización son una parte muy importante, pero hay que ir más allá, hacia una política que toque la estructura agraria, que modifique la alta desigualdad en la propiedad de la tierra. Esto incluye políticas de agua y del medio ambiente. Y, por último, hay que eliminar la especulación con la tierra, dejar de tener predios simplemente para valorizarlos, sin cultivarlos. Élites rurales poderosas han combatido el impuesto a la tierra, con su influencia sobre las autoridades municipales... En el caso de la propiedad privada improductiva, el Estado podría incluso expropiar alegando su mal uso, pero pagando una indemnización. La pregunta es si Colombia está dispuesta a hacerlo. Fuente: http://www.eltiempo.com/economia/negocios/onu-sugiere-cambiar-estructura-de-la-tenencia-de-la-tierra-en-colombia_10429290-4

lunes, 28 de marzo de 2011

Seis países: sólo uno en vía a la modernidad

Seis países: sólo uno en vía a la modernidad


La Colombia en pleno proceso de desarrollo es la Zona Central que incluye a Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga.

El elemento más importante de las bases del Plan de Desarrollo, ‘Prosperidad para todos’, ha sido la regionalización del país en “zonas homogéneas en su condición de desarrollo endógeno”.

Ese es su gran mérito, lograr identificar áreas de desarrollo similar que permiten definir con claridad cómo Colombia no es realmente un solo país, sino seis, de los cuales sólo uno se está desarrollando rápidamente y los cinco subpaíses restantes, se están descolgando.

En términos simples, esto quiere decir que los colombianos tienen condiciones de vida muy distintas: desde aquellas que se disfrutan en el primer mundo hasta otras claramente de ese mundo atrasado, sin esperanzas de cambio. La Colombia en pleno proceso de desarrollo es la zona central que incluye a Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga, y las principales ciudades intermedias del país, Pereira, Manizales, Armenia, Ibagué, Tunja, Neiva y Villavicencio.

Esta zona genera el 73% del PIB nacional; tiene el 60% de la población, 27 millones; el ingreso per cápita de sus habitantes, $13,5 millones, es dos o tres veces el de las otras regiones y ha crecido en los últimos años al 4,2% anual. Pero además, este es el país urbano, con el 82% de su población en cabeceras municipales, con la más baja tasa de crecimiento poblacional, 1%, y decreciendo su población rural, -0.4%.

Obviamente, esa Colombia es la menos pobre, únicamente el 17% tienen necesidades básicas insatisfechas y la mejor distribución del ingreso con un índice de Gini del 0,43, sólo equiparable a Uruguay.

Además, es casi totalmente alfabeta, 92%, con amplia cobertura de educación y la mejor capacidad institucional para manejar sus recursos. Es en esta Colombia rica donde se concentra la industria nacional, el comercio y los servicios.

No debe sorprender que le siga en desarrollo la Colombia nororiental, donde están los grandes desarrollos minero-energéticos. Con muy poca población, 2 millones de personas, alcanza un ingreso per cápita de $15 millones al año, superior al de la Colombia central, pero con un crecimiento anual del mismo inferior, 2,5%.

Sin embargo, como es propio de las actividades que desarrolla, es terriblemente desigual con un Gini del 0,64, muy superior al ya altísimo del país, 0,59 y con el doble de la pobreza y la miseria que el país central.

Estas cifras son particularmente importantes porque si este es el modelo de desarrollo que va a seguir Colombia como un todo, será más desigual que el actual, más pobre y miserable.

Riqueza para unos pocos, muchos de los cuales serán grandes empresas extranjeras. Es una señal de alerta muy clara para que no nos quedemos en ser un país minero, sino que con las ganancias de estas actividades se estimule el sector rural, se transformen los ramos industriales y de servicios, todas estas actividades que no arrancan o no se modernizan.

La otra Colombia que merece atención especial es la Colombia caribe, porque especialmente los barranquilleros se sienten desarrollados económicamente; los cartageneros, culturalmente, y los demás, exitosos empresarios del carbón o agricultores, pero principalmente ganaderos modernos y eficientes.

Nada de eso. A Barranquilla la desbancó Bucaramanga y ya dejó de figurar en la Colombia moderna.

Más rural, 28% de su población, tiene un ingreso per cápita, 7,5 millones, que es la mitad de las otras dos Colombias analizadas. Siendo una región más urbana que rural, 73% está en cabeceras, sus niveles de pobreza son vergonzosos, 46%, y su concentración de ingresos, su Gini, 0,53, muy superior a la de la Colombia central. Pero lo más grave de esta Colombia caribe es su capacidad institucional, que es la más baja de todo el país, 42,6. ¡Qué vergüenza!, hasta las zonas más pobres la superan.

La profunda crisis de liderazgo político y la corrupción de sus líderes le han pasado su cuenta de cobro que, sin embargo, la pagan los caribeños más pobres. No obstante, a su inmensa riqueza en biodiversidad le sigue en tristezas la Colombia Pacífica y después la Amazorinoquia. La primera, todavía muy rural, 46% de su población, tiene un ingreso per cápita de $5,6 millones al año, que es la tercera parte de la Colombia moderna, 62,5% de su población es pobre y con pocos ricos, de allí que su Gini sea bajo, 0,43; casi todos son pobres.

Lo más grave, sus escasas capacidades de desarrollo endógeno, son las peores de todo el territorio, 17%. O se le ayuda o nunca saldrá adelante. La Amazorinoquia, tiene el más bajo ingreso per cápita de todas, $4,4 millones, y además su producto está cayendo, -5% anual. Obviamente, es la Colombia rural, porque el país rural es al que peor le sigue yendo.

No son muchas las diferencias con la Colombia Sur, también más rural, 54% de su población, con pocos habitantes, un poco más de 3 millones, pero menos pobres que en las dos anteriores, 41% de población con necesidades básicas insatisfechas y pocos ricos. Interesante señalar que las menores diferencias entre los seis países se dan en cobertura en educación, pero en calidad deben ser inmensas. Tampoco son grandes las distancias en cuanto a la inversión municipal per cápita.

Demasiado baja en todas para lograr transformaciones sustanciales. Lo importante de la descripción de estos seis países es que muestran dos cosas. Primero, el profundo fracaso de la descentralización del país. Algo en que todos los colombianos creemos, promovemos y tratamos de cumplir, porque está claramente consagrada en la Constitución de 1991, pero no ha logrado acortar las distancias entre las distintas Colombias.

Por el contrario, lo que ha sucedido es muy grave: la Colombia central, que está a años luz de la mayoría del país, es en la que se toman las grandes decisiones nacionales. No es sino montarse en avión los lunes y viernes para ver cómo todos los funcionarios, públicos y privados, que viven en regiones, vienen permanentemente a Bogotá, el centro del centro y, obviamente, pasan los fines de semana con los suyos en lo suyo.

Cuando se están trasladando actualmente, $24,7 billones del Presupuesto General de la Nación a los entes territoriales; cuando hay un fondo de compensación de las regalías, que son inmensas y van a ser más, cuando desde hace tiempo se eligen regionalmente sus autoridades, alcaldes y gobernadores, algo muy grave está pasando porque estos mecanismos no están funcionando en la dirección de construir un solo país.

Lo triste es que parece que la conclusión no es solamente obvia, sino que está en la cabeza de todos los analistas: lo primero que se descentralizó fue la corrupción, que además tiene destruido a todo el país.

Daniel Samper pide revisión del nombramiento de alcaldes y gobernadores. Todos los días meten a la cárcel o llaman a juicio a uno de ellos y muchos de los que faltan no es por ser honestos –que los hay, pero son una minoría–, sino porque nadie entiende quéle pasa a la justicia. Pero eso sí, hay unos individuos riquísimos con la plata del Estado, que es nuestra, de nuestros impuestos, que descaradamente se la han robado, cuando no son los distintos tipos de mafias que conviven tranquilamente en la Colombia grande y en cada uno de las seis Colombias.

¿Quién maneja seis países tan disímiles al tiempo, cuando la mayoría de las autoridades locales no buscan sino su propio beneficio? Parece una sin salida, porque recentralizar, con tantas y tan grandes diferencias, puede ser aún peor. Con razón los congresistas le tumbaron esta idea al Gobierno.

Les quitan sus feudos departamentales.

No se dejen señores del Gobierno.

CECILIA LÓPEZ MONTAÑO.


Ex ministra de Agricultura

lunes, 30 de agosto de 2010

El tiempo muerto

Muy interesante la columna de opinión de Hector Habad Faciolince en el periódico colombiano El Espectador:

TENEMOS TANTAS COSAS PARA matar el tiempo que ya nunca tenemos tiempos muertos. Yo, como todos, me estoy enloqueciendo.

Yo no soy yo, como usted ya no es usted, o no es usted solamente. Somos nosotros, más las prótesis a las que vivimos conectados: aparaticos de bolsillo, objetos inalámbricos, pantallas titilantes, jueguitos, una lista infinita de personas on-line, como felinos al acecho, que interrumpen para lo más anodino, lo más importante o lo más fútil.

Es imposible pasar una hora (otros un minuto) sin controlar dónde está tal, por dónde viene aquel, quién ha escrito o no ha escrito, cómo sigue tal otra, con quién está tal cual. Todo se va convirtiendo en mensajes breves e instantáneos. Mis amigos ya no vienen a comer y a conversar a mi casa: vienen a revisar sus correos y a mandarse mensajes mientras fingen que su mente está conmigo. No, su mente está en todas partes, y una fracción está también aquí, pero en realidad tienen el cerebro dividido en gajos de atención, como si fuera una naranja, y a nadie le dan la fruta entera. No son ellos completos los que me están haciendo una visita o teniendo una conversación seria. ¿Cómo pueden chatear y chuparse una concha al mismo tiempo?

Cada vez noto más, cuando me llaman, que en vista de que estoy mirando al mismo tiempo la pantalla del computador, mi atención es flotante, no del todo presente en la situación, y a duras penas consigo entender lo que me están diciendo. Cada vez noto más, cuando yo llamo, que a mí también me prestan una atención distante, distraída, de cerebro dividido en varias funciones al tiempo. No hay concentración, no hay secuencias, hay saltos. Estamos rodeados por mareas de autistas hiperactivos y dispersos.

Ya no hay quien crea que alguien está hablando solo o está loco cuando va por la calle hablándole al viento: no, está hablando con alguien a través de un micrófono inalámbrico y un audífono invisible. Ya no hay nefelibatas, ya nadie vive en las nubes: todos están conectados a algo o a alguien todo el tiempo: pasan trotadores conectados al i-pod, no dejan de chatear o de mandarse sms. Antes había casos, cuando el avión aterrizaba, de unos pocos adictos que corrían a fumarse un cigarrillo; ahora nadie parece adicto porque todos lo somos: lo primero que hacemos cuando el avión toca tierra es prender el teléfono. Y hasta hay idiotas que gritan en la cabina: “recuerde que esto que le estoy diciendo es muy delicado y muy confidencial”, pero lo esparcen a los cuatro vientos.

Al montarme al carro pienso en las llamadas que haré para no perder tiempo mientras esté en semáforos largos o en embotellamientos de tráfico. No hay tiempo muerto, no hay un instante para estar ensimismado, para mirar el paisaje, para recoger los pedazos del alma, para armar el rompecabezas de las ocurrencias, para rumiar una frase que se quiere escribir, para pensar en algo que se oyó o que se nos ocurrió, en suma, para aclarar las ideas.

Me atormenta la vida el hecho de pasar el día entero frente a una pantalla (ya muchas menos horas del día las paso frente a las páginas de un libro o frente a la contemplación sedosa y sedentaria de un árbol, un lago o una montaña) salpicando entre temas, con una atención dispersa. Hay quienes dicen que si el cerebro no descansa con una pausa en los estímulos, poco se aprende. Todos parecemos muchachos con déficit de atención: saltando de una cosa a otra, saltando aquí y allá, enloquecidos. Si alguien mete las patas ya no se da un codazo: se manda un mensajito por el Blackberry.

La televisión ya es un mueble viejo: a nadie se le ocurre pasar el tiempo concentrado en un programa. Comparada con las nuevas tecnologías, la televisión parece tan anticuada como un libro encuadernado en pergamino. ¿Qué es una telenovela, comparada con la telenovela real de Facebook? Ya no hacemos casi nada porque nos pasamos el tiempo haciéndolo todo al mismo tiempo. Ya no estamos aquí porque nos la pasamos conectados a otra parte.

viernes, 27 de agosto de 2010

Regalías: necesidad vs. caprichos

La figura de las regalías, tal como opera en Colombia, en lugar de favorecer a las poblaciones que las reciben les ha hecho bastante daño. Hay municipios que tienen piscinas con olas, pero no cuentan con acueducto y alcantarillado; otros tienen fuentes de colores, pero no cuentan con escuelas. Emprenden obras suntuarias, pero no ofrecen los servicios de salud básica elementales, ni atienden las necesidades nutricionales de la población infantil del municipio. El DNP ha encontrado que en algunos de los departamentos que más se benefician de las regalías, los municipios que las reciben muestran resultados de bienestar social y calidad de vida que son inferiores, y en algunos casos muy inferiores, a los que reciben menos regalías o no las reciben.

Cuando se confronta a los políticos tradicionales con esta evidencia, ellos responden haciendo inventario de los contratos que celebraron. Los congresistas también son dados a responder a quienes se quejan del mal uso de las regalías con listas de contratos concedidos con su patrocinio. Este tipo de evidencia, en lugar de exonerarlos de responsabilidad, como ellos pretenden, debería servir para condenarlos por otorgar contratos a contratistas de su misma cuerda política o porque en muchas oportunidades hay incumplimiento de su objeto o mala utilización de los recursos.

Los problemas con las regalías se pueden derivar de que no se utilizan para responder a las urgencias más apremiantes, como puede ser la satisfacción de necesidades básicas de la población (agua potable, alcantarillado, salubridad rural, educación, salud y nutrición). Y, aun cuando se destinan a fines prioritarios, los sistemas de contratación y el clientelismo que los domina no seleccionan a los contratistas por sus cualidades para ejecutar eficientemente los proyectos, sino por su afinidad política con los grupos que están en el Gobierno y en los órganos legislativos, lo que da pie para que parte de los recursos se dirija a financiar campañas políticas, a pagar favores o a otros usos, que implican corrupción o desperdicio. De esa manera, se pierde efectividad social en el gasto porque el dinero se invierte mal o se lo roban. La injusticia consiste en que el beneficio que debería dirigirse a las familias más pobres se queda en la mitad, en el mejor de los casos, o arriba.

Pero este no es el peor defecto de las regalías. El peor defecto es que subordinan las necesidades de la nación a los caprichos de las regiones y que estas se benefician desproporcionadamente por un accidente geográfico o geológico: porque hay depósitos de minerales en su territorio que son propiedad de todos los colombianos, pero que usufructúan solamente los que tienen los yacimientos cerca.

No sé quién concibió esta regla de asignación, pero es incorrecta. Los recursos son de todos los colombianos, no de los de la región de donde salen los minerales, y si hay lugar a una jerarquía, esta debe establecerse en relación con las necesidades de los habitantes de todo el país. Si ese es el criterio, una porción importante de los recursos de las regalías debería financiar proyectos de infraestructura física y social en las dos costas -posiblemente más en la Pacífica que en la Atlántica por razones de equidad- y en las zonas de frontera, y destinarse a que los más pobres tengan acceso a los servicios públicos básicos y a educación y salud.

Si sobran recursos, podrían destinarse a los grandes proyectos de infraestructura y a educación superior, que van a beneficiar a todas las regiones. Las entidades territoriales del área donde se ubican las minas deberían estar al final de la cola de beneficiarios y no de primeras. La forma como se asignan las regalías es injusta, fomenta la corrupción y facilita o induce prácticas políticas que riñen con el desarrollo económico y político del país. Ojalá el Gobierno no deje que los políticos le dicten la reforma de regalías que se necesita.

Por vacaciones de su autor, esta columna reaparecerá en la tercera semana de septiembre.
Rudolf Hommes

domingo, 8 de agosto de 2010

Regreso por el túnel del tiempo de William Donato

Crónica de un retorno lleno de asombro ante los avances tecnológicos, los cambios de la moda y los encuentros con aquello que se creía perdido.

* "Después del rescate, los primeros meses son como una novela, todo es extraño": Mayor Malagón

1.
Es 18 de junio y William Donato camina por los corredores de un centro comercial bogotano. Una semana antes, en las selvas del Guaviare, sintiéndose el ser más solo y olvidado de la Tierra, podía siquiera imaginar que ahora estaría aquí, de compras; que la gente se arremolinaría a su alrededor, le tomaría fotos y, entre lágrimas, le pediría autógrafos.

Hace apenas cinco días fue rescatado, hace apenas cinco días regresó de ese largo paréntesis de doce años, y no puede creer que sea tan famoso; es como si no entendiera por qué las personas lo señalan como a una celebridad. Un día, en la jungla, está pensando en que otra razón para odiar a los guerrilleros es que lo privaron de escuchar el Mundial, porque hace 16 meses a él y a sus compañeros les quitaron los radios, y al otro día, en un elegante almacén, busca un equipo de sonido de alta tecnología para oir la final de la Copa en su nuevo apartamento. Todo en cuestión de instantes. Como un soplo.

En realidad, un accidentado soplo. Cuando el 13 de junio, en desarrollo de la Operación Camaleón, el Ejército llegó al campamento guerrillero en el que se encontraban secuestrados el general Luis Herlindo Mendieta, el coronel Luis Enrique Murillo, el sargento Arbey Delgado y el coronel William Donato, éste último no aparecía. Se perdió durante una noche entera. Mientras caminamos por el centro comercial, me cuenta: "Pasé las horas aterrado y confundido en la selva. De pronto, después de las seis de la mañana, oí una motosierra y grité. Lancé el primer alarido y nada. Pegué otro y alguien me contestó: '¡Aquííí. Somos del Ejército. William, venga!'. Yo, asustado de que fueran guerrilleros, les dije: '¿Cómo sé que son del Ejército? Díganme las insignias de la artillería y las de la infantería'. Y me contestaron correctamente. Entonces les dije: 'Ah, ustedes sí son del Ejército. Ya voy'. Y empezamos a gritar en medio de la selva hasta que llegué. Después me dijeron: 'Así hubiéramos tenido que estar dos meses aquí, nos lo íbamos a llevar a usted fuera como fuera'. Y entonces...".

El coronel Donato no tiene ropa de civil en su clóset. Así que nuestra conversación se ve interrumpida cuando entramos a un almacén. El hombre lleva más de 4.300 días sin comprar absolutamente nada, sin poder decidir si algo le gusta o no: usando, simplemente, lo que le ordenen. Y lo que hay. Pero bien sabe lo que necesita y rápidamente se lo dice a la vendedora: tantas camisas, tantos sacos, tantas chaquetas, tantos zapatos... Y mientras la mujer le va mostrando las prendas, él, con la más inocente de las actitudes -porque, digámoslo de una vez y para siempre: qué gran persona es William Donato- me comenta cinco cosas: 1. Lo extraña que le parece la ropa de hoy. 2. Lo impresionado que está de ver tantas prendas color rosa para hombre. "En mi época los hombres no nos vestíamos de rosado". 3. Cuánto le chocan esos pantalones llenos de bolsillos que, según está viendo, están de moda. "Me recuerdan el morral de diez bolsillos que tuve que cargar durante todo el secuestro", explica. 4. La risa que le producen los zapatos tan raros que la vendedora le muestra. 5. Y lo caro que le parece todo. Toma cualquier prenda, le revisa el precio y después me mira con los ojos de quien acaba de ver a un monstruo.

Pero disfruta de las compras, se le nota. En la selva, él y el coronel Murillo tomaban las revistas que muy de vez en cuando les llevaban los guerrilleros, y jugaban a suponer cuánto valía cada uno de los objetos que allí encontraban. La gracia del juego consistía en saber si con el sueldo que se debían estar ganando les alcanzaría o no para comprar el carro del que hablaba un artículo o el reloj que aparecía en un aviso.

Se mide prendas, las luce y mientras tanto me cuenta: "Encontré a mi sobrino de 18 años con un peinado extrañísimo: el pelo lleno de punticas paradas. Le dije que si quería entrar a la Policía tenía que estar bien peinado, y me hizo caso: se peluqueó. ¡Los muchachos ahora se visten de una forma tan rara! Los zapatos que usan son largos, como lanchas, parece que calzaran 44 cuando calzan 38".

Salimos del lugar y se me ocurre invitarlo a una tienda tecnológica, una de esas que, hasta para quienes hemos estado siempre aquí, libres, parecen del futuro. El coronel Donato mira los inmensos televisores de pantalla plana y comenta: "Me estoy quedando en la casa de una amiga. Ella tiene una televisión de estas, y le confieso que cuando vi semejante aparato, no supe qué era". Después habla de algunos descubrimientos que ha hecho durante estos días: me dice que fue a que le tomaran unas fotos y vio que existe la posibilidad de aparecer en las imágenes sin lunares, con bigote, con el pelo largo, con los ojos claros... Que ahora los álbumes fotográficos son digitales, nada de las fotos impresas de antes, que se adherían a los libritos. Que todo el mundo vive pegado al celular cuando doce años atrás la gente todavía hacía fila frente a los teléfonos públicos; es más, me enseña un Blackberry que le acaban de regalar y me dice que no tiene la menor idea de manejarlo. Que...".

Y de nuevo vuelve atrás: "En la selva oíamos en la radio e imaginábamos. Nos preguntábamos: '¿Qué es Transmilenio?' Porque los locutores lo dibujan con palabras, pero uno dice: '¿Cómo será? ¿Cuánta gente le cabe? ¿Será que anda por una calle normal, o por dónde andará?'. Toda esa información lo dejaba a uno siempre con un interrogante y, no crea, eso es bien difícil para uno".

Entonces un empleado del almacén lo llama. Quiere que vea el video del Waca Waca en tercera dimensión. Y mientras las caderas de Shakira emboban a Donato, yo pienso en todo lo que he hecho durante estos doce años, mientras él, en la jungla, vivía la muerte.
Me estremezco.

2.
4 de julio. El fotógrafo Jorge Velásquez y yo vamos para Sogamoso, el pueblo donde el 11 de noviembre de 1967 naciera William Donato, el mismo que, con el rango de teniente, era el comandante de la Compañía Antinarcóticos de Miraflores (Guaviare) aquel 3 de agosto de 1998, cuando alrededor de 500 miembros de la columna Teófilo Forero de las Farc se tomaron el pueblo. El hoy coronel tenía 30 años.

El carro avanza por las carreteras boyacenses y yo recuerdo algo que días atrás me había dicho Donato: "Ay, después de tanto tiempo, el primer duchazo con agua caliente que me di en el hospital fue algo espectacular. ¡Tanto tiempo sin hacerlo! Y ni hablar de volver a usar un inodoro. Es que sentarse de cuclillas en la selva le desgasta mucho a uno las rodillas; hay momentos en los que tenía que llevar un palo para poderme levantar. También me impresiona la sensación de subir en un ascensor: me marea todavía... El otro día, viendo televisión, me dolían los ojos, me tocaba cerrarlos un poquito: fue mucho tiempo sin ver tanta luz". Me había contado, también, que sólo quería comer buena carne. Deseaba quitarse de la boca el sabor amargo de la lapa, el venado, el cachirri, la culebra, el zaino, la pava y el paujil.

Cuando llegamos a Sogamoso, lo encuentro contento porque estamos invitados a un asado. Está menos flaco. Y alguien me hace notar que algo ha cambiado en él: el día que lo conocí, los ojos, nerviosos, le saltaban de un lugar a otro. Ahora sostiene la mirada.

Antes de salir para la finca en la que almorzaremos, comenta: "Yo permanecía con la cadena amarrada al cuello y la llevaba siempre en la mano. Recién llegué del secuestro, cuando me levantaba de algún lugar, siempre mandaba la mano para recogerla. Ya no lo hago. Y es que creo que un acto liberador fue el de hace unos pocos días: en un parque habían sembrado un árbol en mi honor y lo habían encadenado. Fui y le rompí las cadenas, las últimas que me ataban".

Sin embargo, aún más importante fue lo que sucedió la noche del 2 de julio. Consuelo de Perdomo, su compañera de secuestro durante seis años, lo invitó a comer a un restaurante desde donde se ve toda Bogotá. "Y me pasó algo bonito -sigue Donato-: ver toda esa ciudad, con esa mano de luces, me liberó de algo. Porque a veces, cuando es de noche y todo está oscuro y uno está solo en el cuarto, de pronto siente que está allá, en la selva, en esa negrura impresionante. Entonces, cuando me senté en el mirador de ese restaurante y vi a Bogotá iluminada fue como borrar las sombras. Lo hice sin querer, pero pasó".

El lugar del asado es la finca de un político de la región. Entre los invitados está Fabio Pineda, el mejor amigo de William desde la niñez. Pineda recuerda los días en los que hacían cartas repujadas que vendían para tener con qué jugar tejo y tomar cerveza; y también habla -a medias: no quiere soltar toda la información- de aquellas novias que alguna vez se intercambiaron, así como de un misterioso viaje al Eje Cafetero.

Entonces Donato lo interrumpe para contar que hace unos días, cuando fue con su mamá a agradecerle a la Virgen de Morcá por su rescate, entre la multitud de personas un señor lo saludó. Él hizo lo propio. A la salida, el hombre lo saludó de nuevo. "Hola", le respondió Donato, y siguió. Entonces su mamá le dijo: "¿Es que no lo reconoce? Es su amigo". El coronel miró al hombre por unos segundos y sólo atinó a expresar: "Yo no creo que usted sea Fabio Pineda", hasta que al fin sucumbió ante los recuerdos y terminó abrazándolo. Pineda cuenta que, ante la actitud de Donato, su esposa le había alcanzado a decir: "Tranquilo, mijo, es que la gente cambia". Y William, atacado de la risa, responde: "Es que usted está muy gordo, mano".

Lo dejo conversando con su amigo y algunos allegados y me siento junto a doña María del Carmen, su mamá.

-¿Cómo se siente tener a su hijo de nuevo con usted? -le pregunto-.
- Créame que todavía no he podido asimilar que él esté vivo -responde-. Me parece que es una mentira. Cuando lo fui a tocar por primera vez, me parecía que eso era frágil, que era mentira. Yo lo tenía y lo miraba, pero era tanta la ansiedad que tenía de verlo, que me tocó soltarlo. Creo que también él siente que no es verdad que está al lado mío.
-¿Sigue siendo el mismo?
-No he visto ningún cambio en él. ¿Sabe de qué me siento orgullosa? De que no ha perdido la oratoria. Habló muy bien cuando todo el pueblo salió a recibirlo. Otra cosita que no ha perdido es el ser rumbero. La primera vez que bailó, ayer o antier, pensé que iba a hacerlo 'puro boyaco', pero cuando lo vi, dije: 'Cómo así, no ha perdido nada', porque sabe bailar toda esa música moderna. Eso sí, vino muy malgeniado. Son los años, ¿no? Es impaciente. Que mi camisa, que por qué no han arreglado la casa... Pero siempre ha sido obediente. ¡Tiene una nobleza! Alan Jara me decía que eso le impresionaba de él en la selva.

Mientras William baila por segunda vez en su nueva vida, después de más de una década de quietud -y sí, es verdad: no lo hace mal- sus hermanos Sandra y Andrei conversan conmigo. Este último dice: "Durante estos doce años, me tocó ser el fuerte de la situación: aparentar que no sufría, que no lloraba, hacer el papel de que aquí no ha pasado nada para que mis papás no sucumbieran, y después encerrarme a llorar. Pero ahora estoy feliz. Una de las cosas que más me ha alegrado es volver a dormir junto a mi hermano, escuchar sus ronquidos que me despiertan y que me hacen saber que él realmente está aquí".

El anfitrión le propone al coronel que se monte en un caballo y recibe un sí por respuesta. Entonces aparece la figura de don Tiberio, que se opone apasionadamente. El padre de William Donato piensa que es una locura que, después de doce años sin acercarse siquiera a un animal de estos, su hijo se atreva a montarlo. En la familia es un secreto a voces que William siempre ha sido el consentido del hombre de 84 años. Es más, un rato atrás, doña María del Carmen me había comentado: "Es que mi marido era el que lo mimaba cuando estaba chiquito, el que le hacía cuarto para la rumba. Cuando William iba mal en el colegio, me decía: 'El chino va muy bien', y después iba yo a las reuniones de padres y...".

No hay nada que hacer: Donato se encarama en la bestia. Y se sostiene. Lo veo pasear en el animal mientras sus allegados le aplauden y recuerdo que hace unas horas me había contado que, desde que lo sacaron de la jungla, sólo ha llorado una vez. ¿El motivo? Su padre. "Yo lo quiero mucho -me dijo-. Hace cuatro noches me hicieron una reunión con algo que se llama karaoke. Eso es bien divertido, ¿no? Cuando estaba en la selva, había una canción que me dolía mucho, que es de Vicente Fernández. Se llama Cuando yo quería ser grande y habla de que el papá se va haciendo viejo y ojalá no pasen los años. Pues en esta reunión él cantó esa canción y no pude reprimir las lágrimas, esas que tenía trancadas desde que me rescataron".

Unas horas después, el fotógrafo y yo dejamos la finca. Por el espejo retrovisor del carro, busco la figura del coronel William Donato. Y mire usted, lo veo feliz, haciendo y respondiendo llamadas desde su... ¡Desde sus dos Blackberries!

3.
Su agenda es cada vez más apretada. Si bien durante el secuestro fue ascendido a teniente coronel, está tomando el curso que lo legitima como tal. "Necesito volver a coger las normas de la Policía -dice-. Y quiero seguir. Usted sabe: todo cura quiere ser Papa". Después me pide un único favor: "Escriba en su artículo que le agradezco al general Naranjo. El trabajo que ha hecho la institución con los rescatados ha sido grande".

Es 21 de julio. Estamos en el teatro de un centro comercial bogotano. A Donato lo acompañan algunos militares y escoltas, su psicóloga y su compañero de cautiverio, el coronel Murillo.

¿La razón del encuentro? Vamos a ver, en exclusiva para nosotros, una proyección de Avatar, la película sobre la lucha territorial entre un pueblo humanoide -los Navi- y los seres humanos. Cualquier actividad que uno lleve a cabo con William Donato, hasta la más sencilla, es para él la primera después de doce años. Así ha sido durante nuestras diversas reuniones. No sólo las primeras compras, o la primera salida a la calle, sino también cosas más sencillas: el primer atisbo de Transmilenio, la primera visita a la casa de un amigo, la primera ternera a la llanera... Así que aquí estamos de nuevo: las primeras crispetas y la primera entrada a cine.

La sala queda en tinieblas, la película empieza y yo me preocupo un tanto: ¿le incomodará a él tanta oscuridad? Pero otro pensamiento, mucho más divertido, llega a mi mente: ¡ay, las mujeres!

Cuando lo secuestraron, William Donato estaba soltero. Ahora, por donde pasa, digámoslo de frente, 'levanta'. Y cómo no. ¿Para el género femenino puede haber algo más seductor que un héroe? La psicóloga le ha dicho que haga todo con calma, que no se apresure, que lo que le queda es tiempo para seguir viviendo, que habrá muchas mujeres que se le van a acercar por interés y que no tiene que correr para establecer una relación o para tener un hijo. Y él está de acuerdo. Se ataca de la risa cuando sus escoltas cuchichean sobre ciertas miradas coquetas de allí o ciertos comentarios de allá, y dice que se va a quedar un tiempo en calma, que no tiene el más mínimo afán. Que...

¡Ay, Dios mío! De pronto la trama de la película se va para una selva oscura y más bien inhóspita y aparecen helicópteros y buenos y malos, y yo empiezo a sudar. ¿Estará Donato recordando ocasiones que quiere olvidar? ¿Tendrá ganas de abandonar la sala? ¿Vuelven a su mente los momentos en los que él se preguntaba si el Ejército estaría haciendo algo para sacarlo de allá? ¿Pensará en sus aburridas lecturas de El Manual Merck porque en la selva, secuestrado, no tenía más que leer? ¿O evocará aquella biografía de 'Jacobo Arenas' que alguna vez los guerrilleros le pasaron y que él les devolvió con una frase subrayada: aquella en la que el histórico insurgente decía rechazar de plano el secuestro? ¿O vendrán a su memoria esos niños de 10 o 12 años y fusil al hombro que, tal y como me contó, se tragaron entero el cuento de que contra el imperialismo yanqui no hay más salida que las armas?

Me abstengo de preguntárselo y paso la película hecho un manojo de nervios. Pero cuando todo termina, volteo la mirada y lo veo atacado de la risa, listo para posarle al fotógrafo entre las burlas no muy bien disimuladas de los demás militares. Al rato, la psicóloga me comenta que ella, que estuvo sentada entre él y el coronel Murillo durante la proyección, alcanzó a sentir cierto temor, pero que se relajó cuando vio a los dos ex compañeros de secuestro dichosos con las figuras en tercera dimensión que se les metían en los ojos.

Descanso. Y cuando salimos del teatro, miro mi libreta de apuntes. Mientras la película avanzaba, alcancé a anotar una frase que me llamó la atención: "Los Navi dicen que todo el mundo nace dos veces".

Por Andrés Arias